| "Vendrá del cielo a darme mi regalo"; hija de la joven madre |
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Entre cánticos y alabanzas cristianas fue sepultada en el Cementerio de Xoclán Araceli Castillo Naal, quien falleció la madrugada del pasado miércoles en el hospital O'Horán luego de que la mañana del martes fue prensada contra el muro de la iglesia de La Candelaria por una camioneta de transporte público de la ruta Mérida-Hunucmá. El chofer del vehículo dormitó al volante y se proyectó contra la infortunada mujer, una madre soltera de 28 años que vendía tortas y jugos en esa esquina que conforman las calles 64 con 67 del Centro Histórico de Mérida. El cortejo fúnebre partió a las tres de la tarde de una de las salas de velación de dicho cementerio, y en su último recorrido acompañaron a Araceli poco más de 150 personas, entre ellas sus padres, Eliseo Castillo Alcántara (poblano) y Noemí Elizabeth Naal Chablé (yucateca), así como sus hermanos Elías y Carlos Castillo Naal, entre otros familiares cercanos. Entre los presentes se encontraban también compañeras de trabajo, amigos y un número considerable de feligreses de la Primera Iglesia Bautista de Yucatán, de la que Araceli era creyente. El féretro fue trasladado en una camioneta hasta las cercanías de la tumba, y tras bajarlo lo abrieron para que sus familiares cercanos se despidieran de la hoy occisa. Primero se acercó la madre y después de dirigirle algunas palabras, le dio un beso. Posteriormente el padre se despidió de Araceli y también le dio un beso. Los pequeños hijos de la mujer (una niña de seis años y un niño de 10) estaban a un lado, apoyados en un muro, sin comprender aún la magnitud de la tragedia. A continuación, una de las cuñadas de la fallecida, quien había mostrado fuerza de carácter cuando proporcionó información y realizó diversos trámites de rigor, se acercó al ataúd y abatida por la tristeza se despidió de su familiar. Le dio un beso en la mejilla y alzó los brazos al cielo, dando gracias a Dios por acoger a Araceli, mientras los presentes entonaban el cántico "Porque él vive". La situación se torno dramática cuando cerraron el féretro y lo bajaron a la tumba. El pastor Samuel Mandujano Dorantes tomó la palabra e invitó a los presentes a entonar los cánticos "Salmo 23", "El Señor es mi pastor" y "Cuando allá se pase lista", el cual se refiere en términos bíblicos al "libro de la vida", y dijo, entre otras cosas, que la situación serviría para mantener más unida a la familia, refiriéndose a la congregación. Mientras tanto un trabajador del panteón sellaba el sepulcro, lo que aumentó el dramatismo del momento fúnebre. Después, los asistentes le dieron el pésame a los familiares de la fallecida, especialmente al progenitor, que viajó desde Puebla para darle el último adiós a su hija.
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