| En Cancún en la víspera del día de muertos en el Mercado 23 |
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Un intenso olor a copal, mezclado con el de los dulces mexicanos, flores y fritangas; flores de colores vivos, sin faltar el consabido "¿qué va a llevar, qué le damos?" de los vendedores y el murmullo de la gente, es el ambiente que se vive en la víspera del Día de Muertos en los pasillos y alrededores del mercado Javier Rojo Gómez, mejor conocido como Mercado 23.
Los empujones, las disculpas, algunas aceptadas y otras no; el regateo, la música, los pregones y algunos enojos, son parte del ambiente en el mercado que para esta ocasión presenta una peculiar imagen florida: desde el tradicional color amarillo del cempasúchil, las blancas llamadas "nube"; otra de color morado con un nombre algo curioso: "moco", porque la forma y el color es similar al pellejo que le cuelga a los guajolotes. Norma Cardozo Franco y su familia, fueron parte de los compradores que se dieron cita éste domingo en uno de los más antiguos mercados de la ciudad, que en fechas especiales como la de ahora, los locatarios instalan puestos en la parte trasera del inmueble para la venta de artículos especiales y de temporada.
En la lista de compras de la entrevistada estaban las veladoras, hojas de tamal, velas, piloncillo, papel picado y decorativo de colores; flores, frutas, calaveritas y una botella de aguardiente. La importancia de comprar todo lo necesario ayer, según nos comentó, es porque el lunes lo dedicará exclusivamente a vestir el altar para sus familiares y amigos, sin olvidar a quienes no tienen quien los recuerde en estas fechas. Cardozo Franco es originaria del Estado de México y explicó que su familia es muy tradicionalista sobre el Día de Muertos; pero en su caso, como su esposo es de Guerrero, decidieron colocar un altar diferente al tradicional de sus estados, pero en el que no faltará la comida favorita de los fallecidos, los vasos con agua, dulces tradicionales; el alcohol y los cigarros, el pan de muerto y las flores naturales y de papel, en donde colocarán los retratos.
"No pondré un altar con todas las ceremonias que deben llevar, porque no recuerdo bien lo que decía mi abuelita; pero lo estoy poniendo con mucho amor y fe en que las almas de los difuntos nos visitarán, por eso todo debe estar listo mañana en la tarde", explicó la señora. En alrededor de 10 puestos están a la venta dulces mexicanos de grutas cristalizadas, como el tejocote, limón, papaya, camote, naranja; las alegrías de amaranto; palanquetas, merengues, cocadas, tamarindo dulce y de chile; y obviamente no podían faltar las calaveritas de azúcar de todos tamaños, decoradas y con nombres de personas en la frente, cuyo precio va desde los 10 pesos.
El copal y el incienso igualmente se venden en el mercado y los sahumerios, una especie de anafre de barro; veladoras de todos tipos y tamaños, velas, papel picado de todos los colores; altares en miniatura para quienes gusten colocarlos en oficinas, vehículos, o para quienes por la falta de tiempo y dinero, lo colocan para honrar a sus difuntos, ya que para el mexicano, no importa el tamaño, sino el gesto que los vivos tienen en estas fechas para quienes se han adelantado en el camino. Siendo una sociedad cosmopolita, en el Mercado 23 también se da el "encuentro de culturas", ya que a lado de la tradición del Día de Muertos, también podemos encontrar artículos alusivos a la "noche de brujas" o "Halloween", que sin llegar a desplazar a nuestras costumbres, se hace de un espacio, especialmente entre los jóvenes.
Así, junto a las flores y las calaveritas de azúcar, también se venden disfraces de vampiros, brujas, diablos, duendes y hasta de catrinas para "unir" las tradiciones. También hay máscaras de payasos tenebrosos, sin faltar accesorios como puñales que atraviesan cráneos, dedos ensangrentados, colmillos, maquillaje, pelucas, verrugas, escobas, e insectos para ambientar las fiestas.
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