| En Cancún, el Hospital General: un verdadero calvario |
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Un día, dos o tres, el panorama y lo que se vive no cambia. Unos salen pero nuevas caras entran, con expresión de dolor, pesadumbre y angustia, mientras que en otros impera el cansancio y hasta la desesperación por saber la condición del ser querido o de cuándo serán finalmente atendidos. Ese es el pan nuestro de cada día en el área de urgencias del Hospital General "Jesús Kumate Rodríguez", donde impera y sale a relucir el intenso calor a todas horas, porque las rejillas de ventilación sólo están de adorno y los familiares y enfermos ya no saben cómo refrescarse. Todos tienen una misma característica: la necesidad de la salud. Se resignan a que deben esperar para pasar a uno de los dos consultorios, que son los únicos en donde se abren y cierran las puertas. Pese a que ya luce diferente, por la cantidad de personas parece que el espacio fuera de dos metros cuadrados, las bancas resultan insuficientes, en los extremos hay parejas de personas y grupos sentados en el suelo, con el común denominador: esperar a que el tiempo pase para la siguiente hora de la visita, que son hasta cuatro horas después, pero que no es conveniente ir y venir por el gasto económico que esto representa. En una de las bancas de madera, una mujer cubierta con un pedazo de tela de toalla se mantiene ajena a todo lo que sucede a su alrededor y sólo se limita a entreabrir los ojos; pero más de una persona la ve, hasta con cierta compasión. A simple vista parece no tener nada, pero cuando se dirigen a ella a duras penas y puede hilar las ideas para responder por la alta temperatura que presenta, tanto que otros hacen a un lado su caso y llaman al personal para que la tomen en cuenta, parece que sí... pero aún así tiene que esperar, ahora en otra banca más cercana a las puertas de los consultorios, que son las únicas que tienen movimiento, además de las decenas de personas que entran y salen. Francisco Javier San Juan y su esposa Graciela Gallardo Vera llevan esperando apenas 24 horas, cuando su hija ingresó al área de terapia intensiva, ellos no necesitan más para compartir el sentir de Carmela Abriga, quien llegó desde Ticul hace tres días. Entre sí no conocen sus nombres pero sin necesidad de una gran plática crece la empatía, basta pasar el día entero para esperar el nuevo diagnóstico sobre el familiar hospitalizado. Aunado a este viacrucis se ven en la necesidad de gastar, no sólo en una bebida sino en alimentos, comen cualquier cosa que venden cerca, porque representa más gasto ir a casa y regresar al nosocomio horas después. Estas tres personas comentan que a todas horas hay actividad. "Siempre hay gente, algunos se quedan a dormir en cualquier rincón". Otros, como ellos, se turnan las guardias y las horas de las visitas, pero a veces se quedan para intercambiar el último diagnóstico del estado de salud de su enfermo; las explicaciones a veces son en español y otras en maya. Hay quienes sí toman sus previsiones y llevan un abanico para no sentir tanto calor, otros intentan generar un poco de aire con las manos. La puerta es la única ventilación, porque no hay ventanas en la zona donde se concentra la gente, sólo hay rejillas de ventilación, pero no sale aire. "Que pongan ventiladores", grita una señora desde la tercera banca. Por eso los que ya tienen más tiempo se quedan en los asientos cercanos a la puerta. La mayoría están acompañados, pero hay para quienes la espera es más prolongada porque la soledad la torna eterna; únicamente tienen consigo las pertenencias de su enfermo, los zapatos y la ropa esperando ser usados nuevamente, por lo que la somnolencia los invade irremediablemente. Además de las decenas de personas sentadas en los bancos de madera está una larga fila de gente desesperada y fastidiada de esperar a que aparezca alguien del otro lado de la ventanilla y puedan ser atendidos. Se trata del módulo de información, donde el servicio que se debe de prestar es proporcionar el estado de salud o la condición que guardan los pacientes; una persona molesta expresa "y es el módulo de información", dice llevar más de 20 minutos esperando, tiempo en el que no ha visto que alguien se aparezca para atenderlos. En la ventanilla de junto sí hay personal atendiendo, en la que un señor comenta "es que se trata de la caja, por eso ahí sí está alguien". Afuera también hay gente, hay personas de Cancún y las que vienen de poblados circunvecinos; ellos se acomodan donde se pueda. Igual están a la espera de ver salir a su enfermo en una mejor condición de la que entró y así poder dejar de sufrir las condiciones incómodas que día a día deben de soportarse en el área de urgencias de este nosocomio público.
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