Moreira no es otra víctima más de la guerra: Lydia Cacho PDF Print E-mail

alt07/octubre/2012

Tras el incidente ocurrido el pasado miércoles en donde se dio a conocer que el hijo de Moreira fue asesinado, el portal Sin embargo.mx, saco una publicación controversial en donde Lydia Camacho expuso su pensar.

Claramente en desacuerdo con las declaraciones que Humberto Moreira hizo, Lydia cuestiona  al ex dirigente del PRI tras haber comentado lo siguiente: “Mi hijo es un muerto más de esta guerra, unos desgraciados le dieron dos balazos en la cabeza”.

Cuando el ex gobernador que dejó a Coahuila en un estado financiero calamitoso, por no hablar de la impunidad y violencia rampante, dijo estas palabras y acto seguido aprovechó para asegurar que se le había calumniado, pero que esto sí, no lo va a perdonar. Igual menciona que en medio de su autentico dolor por la trágica muerte de su hijo, Moreira es el mismo cínico de siempre.

Dijo no estar dispuesta a celebrar el asesinado de nadie. Lo que estoy es convencida de que quienes cometen delitos deben pagar por ellos. Lo mismo aplica para quienes utilizando el poder que les confiere un puesto público, debilitan a las instituciones con el tráfico de influencias, llevan a cabo negocios sucios, ejercen nepotismo, lavan dinero, o robustecen sus fortunas personales dejando en quiebra a sus ayuntamientos y estados, traicionando a la sociedad entera.

Y debo decir que si su hijo fuera un muerto más de esta guerra, él estaría como el resto de los padres y madres, haciendo fila, lleno de ansiedad y angustia, para que la procuraduría estatal recogiera su caso antes de los otros dos mil pendientes. Si su hijo fuera otro más no hubiera sido contratado por su tío como coordinador regional de la Sedesol estatal. Si su hijo fuera una víctima más de esta guerra, seis horas después de su asesinato no habrían 23 funcionarios públicos federales coordinándose para llevar a cabo una estrategia de seguridad.

Además aseveró que si el hijo de Moreira fuese uno más de esos miles de asesinados de esta guerra, Poiré, el mismísimo secretario de Gobernación, no le hubiera tomado la llamada al padre. Tampoco hubiese sucedido lo que sucedió: horas después de su muerte se conformó un grupo de trabajo con autoridades estatales y federales que se comprometieron a esclarecer los hechos a la brevedad posible, y castigar a los responsables. Si fueran víctimas normales, como nos asegura Moreira, no se habrían reunido en menos de seis horas Victoria Pacheco, la subprocuradora de Control Regional de la PGR, con el General Luis Arturo Oliversen, Jefe del Estado Mayor Presidencial de la Sedena y el Almirante José Santiago Valdés, Jefe del Estado Mayor General de la Armada de México.

Recalco que las familias “comunes” de los jóvenes desaparecidos y asesinados  van al ministerio público tal cual lo dicta la ley, con el temor de que las autoridades y algunos medios coludidos con ellas no publiquen algún mensaje difamatorio que mande a su familiar asesinado al cajón de los “culpables a priori” en los que la autoridad no desperdicia ni diez minutos porque descarta su derecho como víctima y le somete al juicio sumario post-mortem sin derecho a réplica.

Hay padres de familia que después de diez años de lo sucedido con los asesinatos de chihuahua, siguen suplicando que la autoridad reúna lo que se reunió hoy por la familia Moreira: los elementos técnicos, científicos y humanos de mayor calidad para detener a los culpables de inmediato.

Esto nos lleva a preguntarnos, ¿por qué no funciona con todas las familias? ¿por qué no replicar esa estrategia y sacar al país del marasmo de muerte e impunidad? ¿Por qué incluso en asesinatos de otros políticos no se dio este nivel de respuesta?.

He visto a demasiadas familias, ricas, pobres y clasemedieras honestas sentadas en procuradurías y juzgados, llorando, restregándose las manos de ansiedad y angustia, suplicando que la policía vaya a donde asesinaron a su hijo o hija. A padres que me narran llorando cómo llegó antes el Ejército al lugar de los hechos y de inmediato dijeron que dos balazos en la cabeza son símbolo de ejecución y que “muy probablemente” la víctima estaba metida en malos pasos.

Señores lo que este país necesita es justicia, no venganza ni odio. No importa cuan corrupto sea un político, los hijos no merecen pagar por los delitos de sus padres. José Eduardo no es la excepción. Se equivocan quienes celebran su muerte como castigo a sus familiares.

Hacemos un llamado a concientizar, ¿en manos de quienes estamos?, el país necesita equidad jurídica, no es posible que las autoridades abiertamente hayan tenido preferencia por este caso, dejando a familias de miles de víctimas imposibilitados de conocer la verdad que si bien no les devuelve al ser perdido, al menos les ayuda a comprender y aceptar la situación que están pasando.

Moreira, ¿como puedes decir que tu hijo es otra víctima más de esta guerra?.

Finalizamos con una pregunta: ¿En qué condiciones dejaste al estado para que otros padres sufrieran lo que tú experimentas hoy?


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